¡Rinng! ¡Rinng! ¡Sí....! Digame ¡Pere! Soy Silvia...Silvia Pérez Cruz. Hola Silvia como estás, pensaba llamarte porque leí en facebook que actúas en Figueres a finales de Mayo y por supuesto estaremos allí, en primera fila. Pere, me han dado un premio : el Marti Pol, por mi versión musical de los versos de "Covava l'ou de la mort blanca" de la poetisa Maria Mercè Marçal. Es un premio al maridaje o unión entre música y poesía, lo ha creado Lluis Llach en memoria de Marti Pol. Silvia, ¡Que alegría! ya te dije que tras los años de aprendizaje había llegado el momento de concretar, de componer. Fíjate como se cierra el círculo: empiezas a cantar con la coral "Nit de juny" nombre inspirado en un poema de Marti Pol y ahora ganas su premio. Estoy muy contenta, entre los finalistas estaban Maria del Mar Bonet, Josep Tero...gente muy importante. Componer es algo muy íntimo, es la primera vez que muestro algo mio. Silvia, comparto tu alegría, espero que solo sea el principio de una larga carrera de creación, de grandes interpretaciones, de éxito y sobre todo que seas muy feliz. Por cierto debo presentarte a mi amigo Enric, un gran admirador que siempre esta hablando de ti. ¡Pere ! Nos veremos pronto, adiós. Un besazo. Adeu Silvia....¡Clik!
Covava l'ou de la mort blanca sota l'aixella, arran de pit i cegament alletava l'ombra de l'ala de la nit. No ploris per mi mare a punta d'alba. No ploris per mi mare, plora amb mi...
Maria Mercè Marçal (1952-1998) Poeta, filologa, luchadora feminista.
Quería escribir sobre ti, pezones de chocolate, cuando noté de pronto un zipizape de letras.
La imprezión de tu belleza hizo temblar mi mano y se mezclaban las letras. Zetas por todaz partes, faltaz de ortografía, una sensazion de zozobra, un zumbido en la cabeza.
Al empezar una frase...zis-zas, un zafarrancho de gazapos, zetas que se zambullian en mitad de las letras, toda conversazión un ceceo.
Al fin dezcubrí que eztaba pasando. La última letra del alfabeto la poderosa zeta, simétrica, capaz de andar en zig-zag, de imitar a las enes, a las uves, la locomotora que empujaba a las demás, se habia rebelado.
Quería protagonizmo, canzada de ser la última invadía el alfabeto. Me lanzaba: azaleas, azulejos y zagalas, zoquetes, zánganos y zuecos.
Le dije que se calmara, que era una letra importante, que formaría con ella el susodicho poema.
Y empezé así:
Siento... Añoranza de la belleza pezones de chocolate. Azabache de tus ojos zozobra de no verte más.
En noviembre...
Azúcar de colores, Azahara el zarcillo de tu oreja. Ay! que pereza tengo abrazado a la tristeza.
Que me faltas tú... Gozar la vozzzzz boca de pezzzz y quería seguir con zzz Ay! como zzzzzzzzzz!
He salido a la calle abrazado a la tristeza: vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena. (La pintura es un óleo de ManelAnoro-"Yellowblouse")
Cuando pienso en ti, surgen de mi chistera cientos de palabras mágicas. Tan deprisa, tan hermosas, que las escribo en un papel para no perderlas, para no olvidarlas.
"Un día bajé al infierno, quería vender el alma para poder salvarte pero el diablo no la quiso y es que mi alma eras tú.
A cambio pidió escuchar, la belleza de las palabras los motivos de mi viaje el porqué de esta pasión y es que a él nadie le hablaba."
Cuando sea viejo, si no puedo hablar te contaré muchas cosas.
Sin que suene mi voz
te hablaré con la mirada para que brille en tus ojos, la magia de mis palabras.
Me llamo Pedro Mendoza, el día diez de Abril de 1912 embarqué junto a mi esposa Amalia Perez de Pinto y nuestra sirvienta Fermina Piñol en el transatlántico RMS Titanic que zarpaba del puerto de Southampton rumbo a Nueva York.
Seria la etapa final de nuestro viaje de novios que ya duraba diecisiete meses. El criado Eugenio Vidal había quedado en Paris con la misión de enviar diariamente a mis suegros unas postales de la ciudad. Nos prohibieron subir al Titanic y de este modo no sospecharían de nuestras intenciones.
El nuestro era un matrimonio de conveniencia, pactado por nuestros padres, yo ya me planteaba si había sido un gran error.
Nos asignaron el camarote 65 de la cubierta C. Pasamos las primeras horas a bordo paseando por los Cafés Verandah, contemplando el mar por sus amplios ventanales, curioseando por los salones e instalaciones de 1ª Clase.
El Titanic hizo una pequeña escala en Cherburgo donde embarcó mas pasajeros. Fue allí , asomado a la cubierta de popa observando como subían a bordo los viajeros de 2ª Clase, cuando vi por primera vez a las hermanas María y Flor Oromí.
Eran de Lérida y viajaban acompañadas de Julio Duran, este se había enamorado de Flor al verla bailar en un teatro de Barcelona, vendió el restaurante que regentaba y decidieron emprender un viaje a Cuba para empezar juntos una nueva vida.
La imagen de María, su fragilidad y esa mirada cuando nuestros ojos se cruzaron unos segundos me turbó y ya no pude dejar de pensar en ella un solo instante.
Los dos primeros días del viaje transcurrieron sin novedad. Nos bañábamos en la piscina interior después de acudir al gimnasio, disfrutando del silencio de la biblioteca o de los baños turcos. Cenábamos en el gran salón comedor, en la mesa del Tercer oficial Herbert Pitman, acompañados de los acordes de un piano de cola. Más tarde los caballeros se reunían para tomar café o jugar a las cartas en el salón de fumadores.
Empezaron a verse bloques de hielo flotando en nuestra ruta y el clima se enfrió a medida que nos acercábamos a los bancos de Terranova. El capitán Edward-John Smith ordenó cambiar el rumbo y navegar más hacia el sur de la zona de icebergs.
El día trece por la tarde mi esposa Amalia sufrió una indisposición, la dejé descansando en nuestro camarote y acudí al hospital del barco, en la cubierta D, con el fin de obtener algún remedio para el mareo.
Al entrar encontré a María esperando al médico para curarse un pequeño corte en la mano. Estábamos solos, después de presentarnos charlamos un rato, ella me contó lo de su hermana Flor y Julio, los motivos de su viaje.
Sobraban las palabras, era un momento mágico, el encuentro de dos desconocidos que se atraen y al instante notan que están enamorándose. Quedamos en vernos la noche del día siguiente después de la cena en la cubierta D, a popa cerca del comedor de 2ª Clase.
Al atardecer del catorce de Abril el RMS Titanic navegaba por aguas muy tranquilas, veloz a 22 nudos, sin oleaje. La noche cayó helada sobre un espejo de liquido negro.
Cuando la orquesta de Wallace Hartley tocaba " Let me call you sweet heart" empezamos a cenar: las Ostras, Consomé al Oporto, Salmón al vapor con salsa muselina, Filet Mignon con patata, foie y alcachofas fritas o Solomillo a la broche.
Empezó a sonar" You made me love you" y sirvieron un Sorbete de limón con ron y Ensalada de espárragos con vinagreta al champán. Tarta Waldorf, Melocotón con licor de Chartreuse y Eclair al chocolate y vainilla.
A las once mi esposa Amalia se retiró al camarote, acompañada de Fermina, le dije que me quedaba un rato fumando un cigarro habano y jamás imaginé que era nuestra última cena en el Titanic, la última vez que hablaba con ella.
María me esperaba en popa al final de la cubierta D, sus ojos brillaban como las estrellas, sonaba un clásico "The song of the Earth" de Mahler, nos abrazamos temblando y allí la besé por primera vez...
Poco tiempo duró esta felicidad, cerca de medianoche el barco chocó con un iceberg con tan mala fortuna que antes de tres horas estaría hundido.
El impacto casi nos tira por la borda, quedamos cubiertos por una fina capa de hielo en polvo. Nos despedimos precipitadamente y corrí hacia los ascensores que subían a la cubierta C mientras María bajaba por las escaleras en busca de su hermana Flor.
Los pasajeros de 1ª Clase reunidos en el Gran Salón recibieron orden de subir a los botes salvavidas, en primer lugar las mujeres y los niños.
Sobre la una de la madrugada Amalia y su sirvienta Fermina fueron colocadas en el bote nº ocho, mientras las bajaban al agua pude ver su cara por última vez. La gente saltaba, pedía ayuda o gritaba de dolor. El coloso completamente iluminado se hundía poco a poco, escuché a la orquesta de Hartley tocar desde cubierta "Más cerca, oh Dios de ti". Los botes salvavidas se apartaban del barco para no ser arrastrados por el y al cabo de una hora a las dos y cuarto tras un fuerte crujido el Titanic se hundió con gran estruendo, como si una montaña se viniera abajo.
El RMS Carpathia llegó en su auxilio a las cuatro de la madrugada, descubrió los botes flotando en medio de los tempanos y logró rescatar a 706 pasajeros. En el naufragio habían fallecido 1517 personas.
La familia de Amalia tuvo que comprar un cadáver para certificar mi muerte de forma oficial y tener acceso a la herencia de mis bienes. Nunca se recuperó el verdadero cuerpo de Pedro Mendoza.
No pude llegar al camarote de Amalia, la tripulación había cerrado los accesos a 1ª Clase. Al volver atrás encontré a Maria y a Flor aterrorizadas, el caos era total faltaban botes salvavidas y sólo podían embarcar mujeres y niños, Julio estaba muerto, aplastado por un puntal de estribor. Pasadas la una y media de la madrugada las hermanas Oromí pudieron subir al bote nº doce, yo salté al mar vestido de mujer con ropa de Maria y con la documentación del fallecido Julio. Nos recogió horas más tarde el buque SS California y el gobierno Norteamericano facilitó los medios para llegar a Cuba. Allí los tres nos instalamos en Varadero; pero esta ya es otra historia...
Sr. Truffaut hace veinticinco años que Ud. nos dejó y nos quedamos un poco huerfanos como el joven Antoine Doinel, protagonista de su primer éxito:"Los cuatrocientos golpes".
Huerfanos de ese cine llamado de la Nouvelle vague que nace con Ud. Chabrol y Rohmer a mediados de los sesenta. Pere, ¿es el cine superior a la vida? El final de la vida no puede ser optimista, tampoco pesimista, debe ser ambiguo como el final de la mayoría de mis películas. Siempre pensando un poco en Chaplin, en su idea de marchar por la carretera, la idea de la libertad... Ud. y yo nos parecemos, sus guiones tienen una parte autobiográfica que se esconde detrás de la figura de Jean-Pierre Leaud, su actor preferido, así procura no hablar en primera persona.
Es cierto Pere, solo funciono por sensaciones , por hechos comprobados y mis películas están llenas de recuerdos de juventud. Creo Sr. Truffaut que Ud. prefiere el reflejo de la vida a la vida misma. Ha elegido los libros y el cine desde su niñez porque prefiere ver la vida a través de ellos.
¡Sí, claro! mi juventud, no fue feliz, encontré un inmenso refugio en la literatura y en el cine. No me gustan los paisajes ni las cosas, amo a las personas, me interesan las ideas, los sentimientos.
Nunca olvidaremos a ese niño de "Los cuatrocientos golpes"interpretado por Jean-Pierre Léaud, la Jeanne Moreau de "Jules y Jim", a Françoise Dorleac que debutó en"La piel suave" y murió prematuramente, a Julie Christie en "Fahrenheit 451", a Claude Jade y Jean-Pierre Léaud en las aventuras de Antoine Doinel con "Besos robados", "Domicilio Conyugal" y "El amor en fuga", a la apasionante Isabelle Adjani de "Diario intimo de Adèle H.", a Catherine Deneuve soberbia en "El último metro" y a la deliciosa Fanny Ardant, compañera y madre de su hija, en "La mujer de al lado". Pere, el cine es el arte de la mujer, o sea de la actriz. El cometido del director consiste en conseguir que las mujeres hagan cosas hermosas. Considero a las mujeres más fuertes que los hombres y más armoniosas; sobre todo en las historias afectivas, de amor o de niños. Sr.Truffaut, este protagonismo de la mujer en sus películas se muestra claramente en frases como:"Si tu amas a otra además de mí, entonces todo estará en orden. No es el amor el que trastorna la vida, sino la incertidumbre del amor".
En 1973 dirige "La noche americana", es su gran homenaje al cine. Es el cine dentro del cine y le premian con un Oscar. Contemplé las últimas escenas de esta película llenas de emoción y ritmo cinematográfico con la impresionante banda sonora de Georges Delerue; salí a la calle ytuve la sensación de que terminaba la primera parte de mi vida, los días de asombro, curiosidad y risas.
Empezaba una segunda parte, la segunda sesión...
Pere : conversando contigo, escuchando tus palabras, veo que te comes la vida a bocados.
Hoy han cambiado la hora y parece que regalan tiempo. Una nube blanca, como un rollo de algodón, desciende empujada por la Tramontana hacia los pueblos de la Albera, cerca del mar. Las viñas que los rodean tienen un color amarillo rojizo y todo huele a vino. Subiendo hacia poniente, bajo los castaños, hayas y pinares nos sorprende un estallido de colores, rumorea el agua, huele a musgo y a hojas muertas . Al bajar entre alcornocales resbalas por los senderos cubiertos de bellotas. Ha llovido poco y no hay setas, como aperitivo podríamos freír unas alcachofas, cortadas muy finas con unas gotas de aceite y preparar una ensalada otoñal con higos, granadas, hoja de roble y rúcula para acompañar un conejo a la cazuela.
Hace años, en Octubre, viajamos a París por primera vez . Recuerdo el cálido encanto de los cafés de Saint-Germain, los largos paseos al atardecer por los bulevares, a orillas del Sena. La paz y el silencio de los Jardines de Luxemburgo roto por el crujir de las hojas secas al pisarlas. La luz, los colores de la noche frente a la torre Eiffel, descendiendo por los Campos Elíseos o en Montmartre al pie del Sacré-Coeur. Pero lo que más me impresionó aquellos días fue el asombro y felicidad de tu cara, que perdía el bronceado oscuro y sensual del verano y tus mejillas se llenaban de esas pecas que tanto me gustan...
Silvia, quizás oíste cantar habaneras antes de nacer. Tu música es mestiza, tu padre guitarrista gallego intérprete de habaneras, tu madre narradora de cuentos, artista y cantante en algún bar de Calella. Esto explica tu arte: el flamenco, los tangos, el jazz, los fados, la búsqueda constante de algo nuevo, experimentar y nadie creería que eres una catalana de Palafrugell. ¡Pere, eres un exagerado!. En casa vivíamos un ambiente musical y artístico, pero estudié solfeo, piano, saxo clásico. Detrás de mis interpretaciones hay un trabajo de formación. Mira Silvia: yo he escuchado mucha y buena música pero al oir tu voz quedé sorprendido y emocionado. Es tierna, fresca, alegre, con fuerza, pasión y ese tono descarado de terciopelo, fascinante. Estoy cantando flamenco con Las Migas, jazz con temas de BillEvans y he descubierto un nuevo instrumento para acompañar mi voz: el Hang. Silvia eres una artista joven, precoz,cantas, tocas la guitarra, el saxo, el cajón flamenco. Pronto definiras tu camino, entonces sí serás grande, una estrella.
Sabes Pere: Mis voces son aire vuelan, mis lunas son soles, mis ojos son aguafuentes, mis días son.. Ay!.. como me pesan las alas Ay!..ganas de besarte aire mis plumas están cansadas. Silvia, haz que mi corazón baile.¡Hablando contigo se ha vuelto loco! Ay!..Loca, loca, loquita loca, así es mi boca aunque bese con sus frutas de palabra se equivoca..ay!..ay!..
Pere estar conversando con un hombre tan romántico como tu , me hace sentir más mujer y más artista.
Erase una vez un lobo llamado Feroz que vivía en los bosques Pirenaicos cerca del macizo de Bassegoda, donde nace el río Muga.
Era un lobo solitario, todos sus congéneres se habían ido, lejos de allí , ó habían desaparecido.
Se desplazaba incansable, entre la espesa maleza, bajo pinos, alcornoques y encinas pisando una alfombra de bellotas que en esta época del año eran el manjar preferido de los jabalíes. Estos eran su única compañía pero le ignoraban por completo.
La vida en el bosque había cambiado mucho: los Leñadores que cazaron a su abuelo ya no se acercaban por allí, nadie talaba árboles porque la madera no tenia valor y aquellos hombres estarían cobrando el subsidio de paro.
La Abuelita que habitaba en la cabaña del bosque disfrutaba en Benidorm de un viaje del Imserso y el resto del año vivía en la ciudad para poder ir a bailar por las tardes al Casal del Jubilado. Caperucita la chica que mantuvo una tórrida relación sado-masoquista con su abuelo estudiaba en la Universidad queria ser funcionaria de carrera y preferia el botellón de los jueves a visitar a su abuelita.
La única muchacha que había conocido paseaba por un cruce de caminos cerca de la carretera de asfalto, al preguntarle adonde iba ella le dijo que eran veinte euros y algo de un francés..Feroz no entendió nada.
El lobo cada día estaba más triste, el bosque era muy espeso, los matorrales impedían el paso y le producían heridas en la piel. La comida escaseaba porque los conejos enfermaban, las liebres ya no existían y las codornices que soltaban cada viernes los cazadores, no sabían volar.
Podía bajar al pueblo, fingir ser un can desvalido y esperar a que alguien lo adoptase pero perdería su libertad. Lo único comestible a su alcance era un orondo guarda forestal que se pasaba el día escuchando la radio ó durmiendo dentro de su todo terreno color verde grana.
Feroz decidió marcharse, tenía seis años y quizás le quedaban otros tantos de vida.
Corrió sin parar hacia el Noroeste, cruzó el cauce del río Garona en su parte mas estrecha y tres días y tres noches más tarde llegó agotado a los bosques de las Landas.
Allí todo era como antes , tal como contaba su abuelo. Bajo frondosos pinos marítimos pastaban venados, saltaban los conejos y las liebres y algún zorro ó comadreja se asomaba a su madriguera. En las umbrías choperas volaban faisanes y gansos y corría la perdiz. En una charca escondida los jabalíes se bañaban en barro.
Se oían las voces de los leñadores cortando los árboles mas grandes, limpiaban los caminos y replantaban pinos y chopos. Algún disparo de escopeta lejano le recordó que allí había vida pero debía estar atento, luchar para sobrevivir.
Al anochecer escuchó aullidos cercanos y familiares, saludando su llegada, sintió que al fin era un lobo feliz.
No me miraste a los ojos ni te fijaste en mi cara,
y ya estaba... enamorándome de ti.
Al cabo de los años, la piel suave.
Nos cruzamos en la calle, tus hijos de la mano,
me saludaste sonriendo, la emoción de tu voz,
y ya sentí que estaba... enamorándome de ti.
Has cambiado poco a poco, la piel sensual.
La expresión de tu mirada y esa manera de andar.
Te ríes de como te miro,
supongo que te das cuenta de que ahora si,
me estoy... enamorando de ti.
Solo me queda parar el tiempo, la piel dulce.
Para que no me olvides,
cuando te vayas lo dejaré pasar ¡rápido! y me iré contigo,
porque ya sabes que estoy... enamorado de ti.
( A esta copla hay que ponerle música).
¡Esta entrada me ha salido fatal! No se que tendrán que ver : dos tomando copas yo escribiendo coplas y Freddy Mercury cantando Rock and Roll. Serán cosas del otoño....