miércoles, 25 de noviembre de 2009

La invasión de las zetas


Quería escribir sobre ti, pezones de chocolate, cuando noté de pronto un zipizape de letras.
La imprezión de tu belleza hizo temblar mi mano y se mezclaban las letras. Zetas por todaz partes, faltaz de ortografía, una sensazion de zozobra, un zumbido en la cabeza.
Al empezar una frase...zis-zas, un zafarrancho de gazapos, zetas que se zambullian en mitad de las letras, toda conversazión un ceceo.
Al fin dezcubrí que eztaba pasando. La última letra del alfabeto la poderosa zeta, simétrica, capaz de andar en zig-zag, de imitar a las enes, a las uves, la locomotora que empujaba a las demás, se habia rebelado.
Quería protagonizmo, canzada de ser la última invadía el alfabeto. Me lanzaba: azaleas, azulejos y zagalas, zoquetes, zánganos y zuecos.
Le dije que se calmara, que era una letra importante, que formaría con ella el susodicho poema.
Y empezé así:

Siento...
Añoranza de la belleza
pezones de chocolate.
Azabache de tus ojos
zozobra de no verte más.

En noviembre...
Azúcar de colores, Azahara
el zarcillo de tu oreja.
Ay! que pereza tengo
abrazado a la tristeza.

Que me faltas tú...
Gozar la vozzzzz
boca de pezzzz
y quería seguir con zzz
Ay! como zzzzzzzzzz!



He salido a la calle abrazado a la tristeza:
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena.

(La pintura es un óleo de Manel Anoro-"Yellow blouse")

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La magia de las palabras

Cuando pienso en ti, surgen de mi chistera
cientos de palabras mágicas.
Tan deprisa, tan hermosas,
que las escribo en un papel
para no perderlas, para no olvidarlas.

"Un día bajé al infierno,
quería vender el alma

para poder salvarte
pero el diablo no la quiso
y es que mi alma eras tú.

A cambio pidió escuchar,
la belleza de las palabras
los motivos de mi viaje
el porqué de esta pasión
y es que a él nadie le hablaba."

Cuando sea viejo, si no puedo hablar
te contaré muchas cosas.

Sin que suene mi voz
te hablaré con la mirada
para que brille en tus ojos, la magia de mis palabras.


Palabras, palabras, palabras, palabras.
Palabras, tan solo palabras hay entre los dos...

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ultima cena en el Titanic

Me llamo Pedro Mendoza, el día diez de Abril de 1912 embarqué junto a mi esposa Amalia Perez de Pinto y nuestra sirvienta Fermina Piñol en el transatlántico RMS Titanic que zarpaba del puerto de Southampton rumbo a Nueva York.
Seria la etapa final de nuestro viaje de novios que ya duraba diecisiete meses. El criado Eugenio Vidal había quedado en Paris con la misión de enviar diariamente a mis suegros unas postales de la ciudad. Nos prohibieron subir al Titanic y de este modo no sospecharían de nuestras intenciones.
El nuestro era un matrimonio de conveniencia, pactado por nuestros padres, yo ya me planteaba si había sido un gran error.
Nos asignaron el camarote 65 de la cubierta C. Pasamos las primeras horas a bordo paseando por los Cafés Verandah, contemplando el mar por sus amplios ventanales, curioseando por los salones e instalaciones de 1ª Clase.
El Titanic hizo una pequeña escala en Cherburgo donde embarcó mas pasajeros. Fue allí , asomado a la cubierta de popa observando como subían a bordo los viajeros de 2ª Clase, cuando vi por primera vez a las hermanas María y Flor Oromí.
Eran de Lérida y viajaban acompañadas de Julio Duran, este se había enamorado de Flor al verla bailar en un teatro de Barcelona, vendió el restaurante que regentaba y decidieron emprender un viaje a Cuba para empezar juntos una nueva vida.
La imagen de María, su fragilidad y esa mirada cuando nuestros ojos se cruzaron unos segundos me turbó y ya no pude dejar de pensar en ella un solo instante.
Los dos primeros días del viaje transcurrieron sin novedad. Nos bañábamos en la piscina interior después de acudir al gimnasio, disfrutando del silencio de la biblioteca o de los baños turcos. Cenábamos en el gran salón comedor, en la mesa del Tercer oficial Herbert Pitman, acompañados de los acordes de un piano de cola. Más tarde los caballeros se reunían para tomar café o jugar a las cartas en el salón de fumadores.
Empezaron a verse bloques de hielo flotando en nuestra ruta y el clima se enfrió a medida que nos acercábamos a los bancos de Terranova. El capitán Edward-John Smith ordenó cambiar el rumbo y navegar más hacia el sur de la zona de icebergs.
El día trece por la tarde mi esposa Amalia sufrió una indisposición, la dejé descansando en nuestro camarote y acudí al hospital del barco, en la cubierta D, con el fin de obtener algún remedio para el mareo.
Al entrar encontré a María esperando al médico para curarse un pequeño corte en la mano. Estábamos solos, después de presentarnos charlamos un rato, ella me contó lo de su hermana Flor y Julio, los motivos de su viaje.
Sobraban las palabras, era un momento mágico, el encuentro de dos desconocidos que se atraen y al instante notan que están enamorándose. Quedamos en vernos la noche del día siguiente después de la cena en la cubierta D, a popa cerca del comedor de 2ª Clase.

Al atardecer del catorce de Abril el RMS Titanic navegaba por aguas muy tranquilas, veloz a 22 nudos, sin oleaje. La noche cayó helada sobre un espejo de liquido negro.
Cuando la orquesta de Wallace Hartley tocaba " Let me call you sweet heart" empezamos a cenar: las Ostras, Consomé al Oporto, Salmón al vapor con salsa muselina, Filet Mignon con patata, foie y alcachofas fritas o Solomillo a la broche.
Empezó a sonar" You made me love you" y sirvieron un Sorbete de limón con ron y Ensalada de espárragos con vinagreta al champán. Tarta Waldorf, Melocotón con licor de Chartreuse y Eclair al chocolate y vainilla.
A las once mi esposa Amalia se retiró al camarote, acompañada de Fermina, le dije que me quedaba un rato fumando un cigarro habano y jamás imaginé que era nuestra última cena en el Titanic, la última vez que hablaba con ella.
María me esperaba en popa al final de la cubierta D, sus ojos brillaban como las estrellas, sonaba un clásico "The song of the Earth" de Mahler, nos abrazamos temblando y allí la besé por primera vez...
Poco tiempo duró esta felicidad, cerca de medianoche el barco chocó con un iceberg con tan mala fortuna que antes de tres horas estaría hundido.
El impacto casi nos tira por la borda, quedamos cubiertos por una fina capa de hielo en polvo. Nos despedimos precipitadamente y corrí hacia los ascensores que subían a la cubierta C mientras María bajaba por las escaleras en busca de su hermana Flor.


Los pasajeros de 1ª Clase reunidos en el Gran Salón recibieron orden de subir a los botes salvavidas, en primer lugar las mujeres y los niños.
Sobre la una de la madrugada Amalia y su sirvienta Fermina fueron colocadas en el bote nº ocho, mientras las bajaban al agua pude ver su cara por última vez. La gente saltaba, pedía ayuda o gritaba de dolor. El coloso completamente iluminado se hundía poco a poco, escuché a la orquesta de Hartley tocar desde cubierta "Más cerca, oh Dios de ti". Los botes salvavidas se apartaban del barco para no ser arrastrados por el y al cabo de una hora a las dos y cuarto tras un fuerte crujido el Titanic se hundió con gran estruendo, como si una montaña se viniera abajo.
El RMS Carpathia llegó en su auxilio a las cuatro de la madrugada, descubrió los botes flotando en medio de los tempanos y logró rescatar a 706 pasajeros. En el naufragio habían fallecido 1517 personas.
La familia de Amalia tuvo que comprar un cadáver para certificar mi muerte de forma oficial y tener acceso a la herencia de mis bienes. Nunca se recuperó el verdadero cuerpo de Pedro Mendoza.

No pude llegar al camarote de Amalia, la tripulación había cerrado los accesos a 1ª Clase. Al volver atrás encontré a Maria y a Flor aterrorizadas, el caos era total faltaban botes salvavidas y sólo podían embarcar mujeres y niños, Julio estaba muerto, aplastado por un puntal de estribor. Pasadas la una y media de la madrugada las hermanas Oromí pudieron subir al bote nº doce, yo salté al mar vestido de mujer con ropa de Maria y con la documentación del fallecido Julio. Nos recogió horas más tarde el buque SS California y el gobierno Norteamericano facilitó los medios para llegar a Cuba. Allí los tres nos instalamos en Varadero; pero esta ya es otra historia...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Conversando con François Truffaut

Sr. Truffaut hace veinticinco años que Ud. nos dejó y nos quedamos un poco huerfanos como el joven Antoine Doinel, protagonista de su primer éxito:"Los cuatrocientos golpes".
Huerfanos de ese cine llamado de la Nouvelle vague que nace con Ud. Chabrol y Rohmer a mediados de los sesenta.
Pere: ¿es el cine superior a la vida? El final de la vida no puede ser optimista, tampoco pesimista, debe ser ambiguo como el final de la mayoría de mis películas. Siempre pensando un poco en Chaplin, en su idea de marchar por la carretera, la idea de la libertad...
Ud. y yo nos parecemos, sus guiones tienen una parte autobiográfica que se esconde detrás de la figura de Jean-Pierre Leaud, su actor preferido, así procura no hablar en primera persona.
Es cierto Pere, solo funciono por sensaciones , por hechos comprobados y mis películas están llenas de recuerdos de juventud.
Creo Sr. Truffaut que Ud. prefiere el reflejo de la vida a la vida misma. Ha elegido los libros y el cine desde su niñez porque prefiere ver la vida a través de ellos.
¡Sí, claro! mi juventud, no fue feliz, encontré un inmenso refugio en la literatura y en el cine. No me gustan los paisajes ni las cosas, amo a las personas, me interesan las ideas, los sentimientos.


Nunca olvidaremos a ese niño de "Los cuatrocientos golpes"interpretado por Jean-Pierre Léaud, la Jeanne Moreau de "Jules y Jim", a Françoise Dorleac que debutó en"La piel suave" y murió prematuramente, a Julie Christie en "Fahrenheit 451", a Claude Jade y Jean-Pierre Léaud en las aventuras de Antoine Doinel con "Besos robados", "Domicilio Conyugal" y "El amor en fuga", a la apasionante Isabelle Adjani de "Diario intimo de Adèle H.", a Catherine Deneuve soberbia en "El último metro" y a la deliciosa Fanny Ardant, compañera y madre de su hija, en "La mujer de al lado".
Pere, el cine es el arte de la mujer, o sea de la actriz. El cometido del director consiste en conseguir que las mujeres hagan cosas hermosas. Considero a las mujeres más fuertes que los hombres y más armoniosas; sobre todo en las historias afectivas, de amor o de niños.
Sr.Truffaut, este protagonismo de la mujer en sus películas se muestra claramente en frases como:"Si tu amas a otra además de mí, entonces todo estará en orden. No es el amor el que trastorna la vida, sino la incertidumbre del amor".
En 1973 dirige "La noche americana", es su gran homenaje al cine. Es el cine dentro del cine y le premian con un Oscar. Contemplé las últimas escenas de esta película llenas de emoción y ritmo cinematográfico con la impresionante banda sonora de Georges Delerue; salí a la calle y tuve la sensación de que terminaba la primera parte de mi vida, los días de asombro, curiosidad y risas.
Empezaba una segunda parte, la segunda sesión...
Pere
: conversando contigo, escuchando tus palabras, veo que te comes la vida a bocados.


¡ CORTEN !... MUCHAS GRACIAS A TODOS.

Esta entrada me ha salido de cine...